
Somos una comunidad que cree en el talento local y global, en los nuevos emprendedores y en los profesionales ya consolidados. En el trabajo en equipo y en los espacios compartidos como medio para generar oportunidades creativas de crecimiento profesional.
Creemos que cuando se trabaja en un ambiente tan inspirador como Happy CoW, lleno de mentes activas y dinámicas, se generan conexiones muy especiales que dan lugar a grandes oportunidades empresariales.
Happy CoW Business nace como primer Coworking en Nerja, teniendo muy en cuenta lo particular de su tejido empresarial, las maravillosas mezclas culturales que tiene y todo lo que puede aportar a un enclave único como este.

Dicen de ella que es activa y creativa. Que el alma de toda esta historia la pone ella y que es el pegamento que mantiene unido al grupo. Sabe guardar un secreto y por supuesto cómo utilizarlo a su debido tiempo para el interés común.
A veces la verás ponerse roja por vergüenza y otras porque suene su canción favorita y cante y baile como si nadie la mirase. Meticulosa, eficiente y seria en el ámbito laboral. Del tipo de persona que aporta 357.216 soluciones posibles ante un problema. Eso sí, no le busques las cosquillas… y si se las encuentras atente al hallazgo.

Ofelia fue la última en llegar pero como ya os habréis dado cuenta, es la gran protagonista. Y es que cuando nos propuso formar parte del equipo, nos parecieron muuuuuuuuy interesantes sus ideas.
Ella disfruta como nadie formar parte de un ambiente joven, divertido, dinámico… Adora estar rodeada de materiales naturales y de tanto verde, ¡es como estar en casa! Es de las que nunca dicen que no a un afterwork, piensa siempre en términos eco y además está a la última tecnológicamente.
¡Por cierto! Es super coqueta y le encanta contonearse por el coworking y colarse en casi todos los selfies. Así que probablemente empezarás a verla mucho por tu feed de Instagram y Facebook.

Para nosotros es como un niño. Ese que se emociona con cada decisión, con la idea de compartir un proyecto con gente a la que quiere, el que tiene las ideas más locas e incluso el que cuando algo no le gusta, se enfada y no respira… ¡Pero es nuestro mejor comercial y por eso aceptamos barco!
Es espontáneo, alegre, peligrosamente encantador y resolutivo. Ten cuidado que puede liarte… (la existencia de Ofelia es una gran prueba de ello). Impulsivo, tenaz y ambicioso. Es capaz de vender arena en el desierto y su pasión te hará sentir que has comprado oro.

Aunque suele decir que es un poco antisocial y que no sabe leer entre líneas, es el que cuida de todos nosotros al estilo papá. Orgulloso de la familia que ha creado dentro y fuera de casa, cuando cree en alguien se pone a su lado y camina junto a él.
Maneja como nadie la escucha activa y la coherencia es su mejor forma de expresión en todos los aspectos de su vida. Eficaz y tremendamente eficiente. Tiene un don especial para observar, permanecer en silencio analizando la situación mientras el resto debate y finalmente hablar para dar con la respuesta adecuada.

Mucho más creativa de lo que ella piensa, la mayoría de las veces tan solo es necesario dejar que su imaginación vuele en una larga noche de insomnio para sorprendernos a todos al día siguiente con una sonrisa pícara y un “lo tengo”.
Es la piedra angular. El aceite que un motor necesita para funcionar a pleno rendimiento y ruja con una gran melodía. Coherente, constante, comprometida y bondadosa dentro y fuera del ámbito laboral. Sin ella sería difícil la conexión.

El más reservado de todos. Ese al que más tardas en conocer. En descubrir cómo es. Pero cuando lo haces entiendes que es el tipo de persona que sabe el lugar exacto al que llevarte cuando tienes un mal día. Imagina dónde puede hacerlo en un día bueno…
Sin él nada de todo esto hubiese existido. Como su nombre indica, él es la clave. Quien lanza ideas al aire y observa quién las recoge para darle forma más tarde juntos. Persistente, indagador y controlador (en lo que a trabajo se refiere). Es la pieza cauta y previsora del equipo. Y un buscador incansable de acuerdo entre las partes.
Mi nombre es Ofelia. Soy esa vaquita bastante resultona cuya cara habrás visto por todas partes ya. Si estás leyendo esto es porque quieres saber algo más de cómo empezó a construirse la que hoy es mi casa (y espero que un poco la tuya también).
Todo comenzó a articularse en la cabeza de KEY varios meses atrás. El modelo de negocio lo tenía claro, la ubicación, el tipo de público al que dirigirse… pero había una CONDITIO SINE QUA NON: no quería llevarlo a cabo solo. Quería compartir a partes iguales este proyecto con otros profesionales que tuviesen sus mismas ganas e ilusión y que se involucraran al 200% en esta aventura.


Evidentemente, RAZÓN estaba incluida en el lote y por razones obvias fue la primera elegida. No se lo digáis a nadie, pero yo creo que entre ellos dos hay tomate… ¡espero que no les moleste que os lo cuente! Pero un día frente a una copa de su vino favorito, le reveló su interés por iniciar una línea empresarial totalmente diferente a lo que había hecho hasta ese momento. Y aunque la principal duda era cómo llegar a las personas adecuadas que se interesasen por iniciar un nuevo proyecto empresarial, lo cierto es que no fue nada difícil.
Ambos estaban muy ligados a un grupo de empresarios en Nerja con una filosofía de trabajo y hasta me atrevería a decir, un modo de vida, donde compartir y ayudar a los compañeros era lo habitual. Cada logro se convertía en Happy Business, celebrando los triunfos de los demás como si fuesen propios. El estar ligados a ellos semana tras semana, les hacía (y hace) crear vínculos más allá de lo laboral, llegando a establecer fuertes lazos de amistad.
Al principio fue tan fácil como lanzar la moneda a las personas elegidas y ver quién la recogía. De las dos primeras lanzadas, ambas funcionaron. Pero solo una se unió al equipo. La otra, aunque puso mucha más pasión casi que cualquiera de ellos en los primeros pasos, al final tuvo que abandonar el barco por circunstancias personales.
Ya eran tres: KEY, RAZÓN y WHISKY. A la pareja emprendedora y coherente, se le había sumado alguien con tantas ganas de compartir y crear algo diferente como ellos. Divertido y con un puntito alocado, los iba introduciendo en un mundo tecnológico muy millennial. Y aunque era nuevo para ellos, se fueron adaptando rápidamente e incluso iban pidiendo más y más… Llegó un momento en el que vieron claramente que el proyecto debía tener más socios y sin duda los números impares les gustaban más. Así que dos personas más serían las elegidas.


Cada uno, de forma individual pensó en sus candidatos preferidos. Y aunque pueda parecer increíble, hubo unanimidad absoluta entre quiénes podían ser esas otras dos personas. Así que… otras dos monedas fueron lanzadas al aire.
Uno de ellos sin vacilar un instante dijo un gran NO con argumentos lo suficientemente fuertes como para no seguir insistiendo. Les apenó, pero lo entendieron.
Con la otra parte, fue diferente. K, R y W habían visto cómo se le había iluminado la cara el día que la contrataron como interiorista para diseñar el espacio. La inmersión en el proyecto fue total. Congresos, ponencias, revistas… Aquello empezaba a formar parte de su vida de un modo diferente y eso le apasionaba. Tendría todas las posibilidades de enseñar al mundo sus innumerables cualidades profesionales ya que tenía herramientas para ello. Y en su cabeza empezaron a gestarse fotografías imaginarias de cómo sería el interior de ese espacio.
Menos mal que este cuerpazo a manchitas blancas y negras aún no formaba parte del equipo. ¡No sé si hubiese sido capaz de aguantar tanto suspense! Y es que aunque la diseñadora no decía que no, pedía tiempo para deliberar esa oportunidad…
Mientras todo eso ocurría, un cambio en la dirección del viento hizo que quien antes había dicho que no, ahora dijera que sí. Y de ese modo llegó ORÁCULO al equipo. Todo empezaba a equilibrarse. Nada parecía poder frenar el comienzo de esta aventura. Si Oráculo había dicho que sí, era la mayor garantía de éxito que mi actual casa podía tener. Y entonces, varios encierros en casas de campo, muchos vinos compartidos y un viaje a París después, quien pedía tiempo, solo ansiaba poder empezar… CHIC dijo que sí y Happy CoW Business nació.
Quizá la fortuna o puede que la casualidad hizo que todos juntos apostaran por este gran proyecto… Pero ahora que estoy yo aquí, y los veo trabajar juntos, os puedo asegurar que lo que sucede cuando los cinco están en la misma habitación, es sencillamente magia. Y fue esa magia y una conversación algo alocada con la diseñadora gráfica la que me dio vida, la que hizo de mí la protagonista… Y es que no puedo evitarlo, tengo alma de diva, lo llevo en la leche… ¡que diga en la sangre!
